|
Los objetivos que se plantean conseguir a través de las diferentes cátedras fotográficas son, unos de carácter técnico, dado que se pretende que el alumno profundice en el conocimiento de las técnicas y procesos propios del medio fotográfico y otros de carácter creativo ya que –como es lógico– se pretende fomentar un pensamiento creativo que posibilite al alumno plasmar en su trabajo todas aquellas cuestiones que como elemento de una sociedad, desea expresar. Pero en cuanto a fotografía de modelaje, nunca me he encontrado con ningún parámetro que oriente a los noveles fotógrafos sobre las directrices en torno a las vinculaciones y detonaciones psicológicas que existen en esta modalidad fotográfica y que son del todo necesarias de conocer para quien aborda la fotografía de modelaje y asume que, en muchos casos, se esta trazando, en base a las técnicas contemporáneas e innovadoras, un excelente cultivo y nueva dimensión que no es otra que la fotografía. Una realidad palmaria que es, hoy por hoy, revolución artística y evocación de culturas y personalidad.
¿Por qué del éxito de la fotografía en general a través de las Bellas Artes? Es difícil arriesgar una respuesta. Poco a poco se diluyen las fronteras entre la pintura y la fotografía, cada vez son más los artistas que disponen del medio fotográfico, y no importa si es foto blanco y negro, color o digital. ¿La fotografía recupera la figuración y la narración que se perdió en la pintura y que el público necesita ver?
En el mercado del arte, pocos son los marchands que venden fotos. Pesan todavía muchos prejuicios sobre este “nuevo” medio que apenas tiene algo más de 150 años. Para muchos es difícil ver el valor artístico de una foto, cuesta trascender su valor documental y muchas veces se aplican los mismos criterios de valoración que para la pintura. Una foto se vende como un grabado, hay que especificar cuantas copias se hacen y numerarlas.
Desde sus comienzos, la fotografía intentó parecerse a la pintura para lograr el estatus de “arte”. Hay fotos que pueden ser calificadas de impresionistas, surrealistas, metafísicas o abstractas; toda una adjetivación que proviene del lenguaje de la modernidad artística. La fotografía logró renovar algunos géneros clásicos, como el retrato y el paisaje, de una manera inusitada. Comencemos por el retrato. En los noventa la holandesa Rineke Dijkstra registró una serie de jóvenes en las playas de Polonia, Ucrania, Bélgica y los Estados Unidos. Con una cámara de gran formato, trípode, flash de día y personaje esperando ansioso el click de la máquina, la artista apuntaba a otra belleza, lejos del chico rubio, amplia sonrisa y prosperidad social. Estos son flacuchos, desgarbados y con ropas pasadas de moda. En el otro extremo, Marcos López, registró el carnaval de la democracia menemista.
El paisaje alcanzó una nueva dimensión con las fotografías del alemán Andreas Gursky. Inspirado nada menos que en Caspar David Friedrich, el artista elige un punto de vista alto y se preocupa de que la presencia humana sea apenas detectable. Un pescador chapoteando en las orillas de un río que atraviesa el bosque provocan casi la misma sensación de Naturaleza viva que hay en los cuadros del genial pintor del romanticismo alemán. Jeff Wall, canadiense, también fotografía paisajes, pero con una fuerte presencia del hombre. En ellos hay algo inquietante y artificial, pero el espectador apenas puede darse cuenta de dónde está el truco. En nuestro país Juan Doffo (que comenzó con el óleo) recurre a la foto para documentar las raras modificaciones que le hizo al paisaje de su pueblo natal. Carlos Trilnick (que alterna con el video) borronea con el diafragma los recuerdos de sus viajes entre Buenos Aires y Rosario; mientras que Marcela Mouján aprovecha la tecnología de la computadora para crear árboles de imposible geometría y arenales de múltiples simetrías.
La performance o acción artística es presenciada por pocas personas, pero el documento fotográfico permite que sea accesible a un público mayor. Vanessa Beecroft, italiana radicada en Nueva York, hace posar a modelos con pelucas idénticas, botas o alguna vestimenta especial en el vestíbulo de un museo. Impávidas, casi desnudas, o desnudas en muchos casos, no hacen más que posar frente a la mirada del público, paradas o sentadas en el suelo. Spencer Tunick (estadounidense) también hace desnudos, pero no con selectas modelos sino con el aporte voluntario de todo aquel que decida sacarse la ropa y acostarse en una calle. La performance es cuidadosamente dirigida por el equipo de Tunick y la foto es su testimonio.
En los Estados Unidos se habló del multiculturalismo, una especie de permiso que Nueva York daba a las culturas periféricas para entrar al arte hegemónico. Desde la China Zhang Huan (nacido en 1965) aportaba imágenes cuyo sentido se enriquecía con el título. En la foto se ven unos nueve hombres orientales sumergidos en agua hasta la altura del pecho. Y la foto se llama: Aumentar el nivel del agua en un estanque de pesca. Desde Irán proviene Shirin Neshat y con sus fotos narra el encuentro de dos mundos, dos tradiciones desde una mirada centrada en lo femenino. El japonés Hiroshi Sugimoto fotografía figuras de los museos de cera; así, Rembrandt, Mondrian y Enrique VII parecen adquirir una vida hiperrealista.
El mundo se vuelve a inscribir en la foto con una intensidad que la pintura parece haber perdido. La poesía se hace más lírica en las imágenes del mexicano Gabriel Orozco y la tradición religiosa cobra un nuevo vuelo en las del guatemalteco Luis González Palma. La fotografía no se limita a su propia bidimensionalidad. Hay foto-objetos y fotografías instaladas en el espacio. Vale citar los escalofriantes pasillos de “suizos muertos” creados por el francés Christian Boltanski con fotos recortadas de las necrológicas aparecidas en diarios, o la conmovedora serie de Sophie Calle (también francesa) que le pregunta a veinte ciegos de nacimiento cuál es para ellos la imagen de belleza. También son atractivas las fotografías de pura artificialidad, como las escenificaciones de Cindy Sherman, por ejemplo, que se viste y transviste, se rodea de objetos de toda clase para adquirir diferentes personalidades. En este mismo epígrafe entra la obra de Witkin, un verdadero maestro del rechazo. En las escenas que prepara hay mutilados, cadáveres de la morgue, hermafroditas, zoofilia y blasfemias. ¿Porqué el éxito de Witkin en el Museo de Bellas Artes? Quién sabe. Lo cierto es que el invento de Nicéphore Niepce logró revolucionar el arte del siglo XX y parece que lo seguirá haciendo en el XXI.
En cuanto a fotografía de modelaje, podemos aplicar idénticos criterios, aunque se debe aclarar de forma contundente, que nada tiene que ver con arte respecto a esta vertiente de fotografía, las montañas de couché en todas las formas editables que han mostrado pornografía o erotismo. El modelaje fotográfico, no tiene porque estar vinculado a sexismo o sexualidad; su dimensión es infinitamente mayor y cabalga en aras del puro arte, sin olvidarnos que la pura ortodoxia de cualquier faceta del modelaje (no pornográfico ni erotista), es la consolidación y consecución de una actividad que sobré el plató fotográfico o cualquier otro escenario, han desarrollado fotógrafo y modelo, en torno a unas líneas de actuación puramente psicológicas. De no ser así, no podría haber interpretación, escenificación, expresión y por lo tanto, la figura humana quedaría desprovista del imprescindible arte que conlleva la fotografía.
|





|