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Por: Felipe Medina
Aurelio, ¡qué grande eres!,
tu alma enamorada, tan llena de pasiones
escondidas,
hacienda de arte, vida y duende,
hilvana el arte del flamenco,
con pasión de corazón y fuego.
Garganta quebrada de cante jondo,
silencio de artista roto,
dolor de corazón sesgado,
a
dos de tus hijos, la vida te ha quebrado.
Juan José, imperdurable en tu memoria,
Juan por el "Pasmo de Triana",
José, por la maravilla, el sabio, la gloria...
Rafael, como el inmortal "Gallo";
almas que te arrebató la Providencia.
Aurelio, ¡qué grande eres!,
"El Sapo" te llaman en tu tierra,
apodo de abolengo legendario,
que señoreas con orgullo extraordinario.
Te codeaste con los grandes del flamenco,
interpretaste como nadie el cante jondo,
y
por no renunciar a tu linaje,
despreciaste la gloria con coraje.
Aurelio de bronce y oro,
Aurelio de jondo puro,
fragua de bondad interminable.
Aurelio, ¡qué grande eres!
Clamor en tu garganta de emociones contenidas,
sabia de cante grande por fandangos, siguiriyas, bulerias...
Turbación de sentimientos y alegrías,
pasión y devoción en tu voz prendidas.
Aurelio Ahijado, "El Sapo",
de hombría, honor y nobleza;
distinguido hijo de Talavera
ilustre cantaor de honra y destreza. |