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Una poca vergüenza, un
esperpento de parásitos e irresolutos, un insulto a quienes nos
acribillan a impuestos, a los parados y a los necesitados. Su
Señorías los diputados trabajan menos
que el Ratoncito Pérez en un asilo de ancianos. ¡Y
después, tienen la geta de pedir un esfuerzo colectivo! Con todo
respeto, tienen más cara que un saco de monedas.
No exagero: Cien días de
vacaciones al año, sueldo astronómico, viajes gratuitos, dietas,
transportes por la cara, privilegios, pensión asegurada y a
discreción. Total, todo un chollo, aunque si es cierto el dicho
de que “el trabajo y la lucha, llaman siempre a los mejores”,
habría que sacar la conclusión de que nuestros políticos, a
tenor de su rendimiento laboral y resultados, bien podrían ser
los españoles más ineptos. Y es que, trabajan menos que el
sastre de Tarzán. Menos aún que los Reyes Magos, que solo lo
hacen una vez al año y es mentira. Menos incluso, que el
profesor de literatura de Belén Esteban.
Han tenido unas vacaciones de
Navidad de 48 días. Todo el mes de enero, diez días de febrero y
parte de diciembre. Los niños regresaron al colegio después de
la llegada de los Reyes Magos y cada españolito de a pie a su
correspondiente trabajo, eso si, los que aún tenemos la dicha de
tenerlo. En ese espacio de tiempo, el turrón que quedase
despistado por alguna despensa, a estas alturas estará más
rancio que una funcionaria de Hacienda con el periodo. Los días
ya tienen casi una hora más de luz, ya se aprecian las primeras
flores de los cerezos del valle del Tiétar. Ya se divisan las
primeras cigüeñas y la España del paro y el descrédito
internacional se dispone a recibir la primavera. Sin embargo,
sus señorías, hasta la pasado semana, disfrutando aún de las
vacaciones de Navidad y ya están pensando en las de Semana
Santa. Cinco días de descanso que ellos, los señores diputados,
porque les sale del alma, alargarán hasta finales de abril. Y
luego el verano. ¿Cómo van a trabajar en verano sus señorías con
el sofoco y la canícula?
Además, su empresa, el
Congreso de los Diputados, que mantenemos entre todos, no
ejecuta expedientes de regulación de empleo, aunque la mitad de
la “cuadrilla” no pegue un palo al agua en toda la legislatura.
No obstante, la
compatibilidad del puesto de Diputado con otras labores privadas
está muy extendida en nuestros parlamentos, que asume
perfectamente que a los señores diputados les sobra (además de
otras cosas) el tiempo y se dedican más a sus negocios privados
que a resolver los problemas de la nación. Algún grupo
minoritario ha tratado de poner orden y hacer una equitativa y
necesaria ley de incompatibilidades. Pero claro, ante ese
ejercicio de dignidad y política de servicio es probable que una
buena parte de los sillones del Congreso quedasen vacíos.
Señala una sentencia que:
"La base de nuestra civilización está en la libertad de cada
uno, en sus pensamientos, sus creencias, sus opiniones, su
trabajo y sus ocio". Es obvio que quien escribió el noble
pensamiento, en absoluto estaba pensando en aquel momento en los
señores Diputados españoles.
La cuestión es cruda y dura.
Cobran abultados
sueldos como políticos y una buena parte de ellos se dedican a
otras actividades, en empresas, universidades, medios de
comunicación, etc. que les reporta excelentes dividendos. Son
voraces, sórdidos, ávidos… Parecen estar totalmente al margen y
no ser en absoluto conscientes de la situación de emergencia que
vive el país, donde cada vez más gente no tiene ni para comida.
¿Como vamos a confiar en los políticos? Y sobre todo, ¿hasta
donde y cuando vamos a llegar?
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