Las plagas

Por: Felipe Medina

 

El mundo anda a la deriva. Faltan ídolos, gobernantes honestos e inteligentes con verdadero espíritu de servicio y carisma. El hambre, las guerras, la miseria y la necesidad acechan en torno a las plagas exterminadoras que asolan este siglo XXI. El capitalismo ha fracasado estrepitosamente y colea con ira, aniquilando cuanto esta a su alcance. Y mientras el mundo necesita de un nuevo norte y sistema social, se extiende la tenebrosa sombra de un vacío que queda lleno de pandemias, desolación, catástrofe y miserias.

Los políticos egocéntricos, trincadotes y mafiosos, han sido y son, el verdadero germen de las desgracias que asolan el mundo. Se esconden tras la máscara de una ficticia democracia y su miserable gestión revienta toda posibilidad de justicia y equidad. El capitalismo ha agotado su era de tiranía y desolación y deja el planeta a merced de la escasez de recursos que desploma casi todas las probabilidades de resurgir.

Estas son dos de las principales plagas que han sumido en la miseria al pueblo: el capitalismo y los políticos, pero para desgracia de la humanidad, hay más plagas desoladoras.

Las incesantes guerras, el sida o el cáncer, son tres más, de las plagan que asolan el mundo. Las guerras, enmarcadas por meros y despiadados intereses del gran capital; el sida, solo atajado parcialmente para que exista por parte de los enfermos crónicos una dependencia de por vida a los medicamentos y el cáncer, otro negocio de las multinacionales farmacéuticas que solapa toda la investigación médica y científica para poder curar esta enfermedad que, a estas alturas, es ya un auténtico genocidio.

Otra plaga contemporánea es el aborto. La infinita estupidez humana consiente que, los médicos que están para curar y salvar vidas, consientan destruirlas mediante prácticas abortivas. Queda meridianamente claro que por causas obvias, el aborto debe ser una práctica lícita, ya sea por peligro a la vida de la madre o por clara malformación del feto. Sin embargo, la destrucción de vida humana, sea cual sea su grado de desarrollo y aunque esta, se encuentre en periodo de gestación, digan lo que digan, es un asesinato en toda regla y no puede haber ninguna escusa ya que, esencialmente es vida humana y está no debe quedar sustentada a capricho o circunstancias personales de quienes la conciben. El aborto deteriora la verdadera dimensión humana y de la vida y da al traste con el respeto a la más elemental sustancia de la que somos portadores: la savia existencial de la vida.

La violencia de género es otra plaga moderna que está costando la vida a miles de mujeres en todo el mundo. Lo más vil y rudimentario del instinto de las personas, sin saber porque, aflora en el ser humano que se convierte en un monstruo maltratando a su pareja física o psicológicamente. Lo que se nos muestra a través de los medios de comunicación, es la punta de un iceberg que propicia una incontinente cadena de sufrimiento y asesinatos en los que queda destruido no ya solo el núcleo familiar, también la dignidad humana.

La pederastia, otra plaga a través de la cual el ser humano pierde cualquier esencia de dignidad y se convierte en un auténtico monstruo. El despropósito, parece imparable y la oleada es una aberración inconcebible que convierte al hombre en algo miserable y despreciable. La pederastia o pedofilia, ha llegado a su grado sumo con los escándalos relacionados con abusos sexuales a menores de edad que tienen que ver directamente con sacerdotes y religiosos de la iglesia católica y especialmente en países donde esta, tiene una fuerte influencia.

Es relativamente frecuente que los pederastas abusen con niños y niñas de su familia o vecinos. También lo es ver casos de preceptores con sus alumnos, especialmente en internados. Muchos de ellos amenazan a sus víctimas con la finalidad de que callen. La amenaza más sutil, y, al mismo tiempo más cruel, es hacer creer al menor que él también es culpable, o que nadie le va a creer si el asunto se sabe. Especialmente dolorosos son los casos en que el adulto abusa de su condición o de su profesión: padres con sus hijos o hijas, educadores con sus alumnos, entrenadores deportivos con sus jóvenes pupilos…En cualquier caso, el daño moral es en todas las ocasiones irreparable. Mientras tanto, la justicia en este y otros asuntos hace aguas y la sociedad no es capaz de poner freno a la barbarie.

Son siete de las plagas que asolan al mundo: los políticos, el sistema capitalista, las guerras, el genocidio con que la multinacional farmacéutica actúa impunemente ante enfermedades como el cáncer, la violencia de género y la pederastia o pedofilia. Pero desgraciadamente, aún hay más plagas que paulatinamente corroen a la civilización, la convierten en Sodoma y Gomorra y la abocan a un pozo sin fondo de donde cada vez existen menos posibilidades de poder salir.

 

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