Genocidio

El negocio con las enfermedades de la industria farmacéutica

 

Por: Felipe Medina

 

 

Entre los crímenes más graves cometidos a lo largo de la historia de la humanidad se encuentra el que esta desarrollando la poderosa industria farmacéutica. Son responsables de haber causado un daño grave o la muerte a millones de personas a través del "negocio con las enfermedades". Dichos delitos están denunciados y son competencia de la Corte Penal Internacional. Los acusados son conscientes de que serán considerados responsables de estos crímenes y se han embarcado, con todo su arsenal de poder político, mediático y económico, en una campaña mundial para menoscabar la autoridad de la CPI, con el fin de situarse por encima del derecho internacional y continuar con sus crímenes en detrimento de toda la humanidad.

Los acusados son responsables de la muerte de cientos de millones de personas, y aún siguen muriendo muchos de enfermedades cardiovasculares, cáncer y otras muchas patologías, que bien podrían haberse prevenido y eliminado en buena medida hace mucho tiempo. Esta muerte prematura de millones de personas no es el resultado de una coincidencia. Se ha organizado deliberada y sistemáticamente en beneficio de la industria farmacéutica y de sus inversores, con el único propósito de ampliar un mercado mundial de fármacos valorado en billones de dólares.

El ámbito de mercado de la industria farmacéutica es el cuerpo humano, y el rendimiento del capital invertido depende de la continuación y expansión de las enfermedades. Sus beneficios dependen de la patentabilidad de los medicamentos, lo que convierte esta industria, sin lugar a ninguna duda, en la más rentable del planeta Tierra.

Sin embargo, la prevención y erradicación de cualquier enfermedad reduce de manera drástica o elimina totalmente los mercados para los fármacos. Por consiguiente, las empresas farmacéuticas han estado poniendo obstáculos sistemáticamente a la prevención y erradicación de las enfermedades. El cáncer, por ejemplo, es una enorme gallina de huevos de oro que de manera constante hace subir astronómicamente los dividendos de la poderosa industria farmacéutica.

Para cometer estos delitos, las empresas farmacéuticas se sirven de un laberinto de ejecutores y cómplices en el mundo de la ciencia, la medicina, los medios de comunicación y la política. Los gobiernos de naciones enteras son manipulados o incluso dirigidos por miembros de grupos de presión y antiguos ejecutivos de la industria farmacéutica. Durante docenas de años, se ha corrompido y abusado de la legislación de naciones enteras para fomentar este "negocio con las enfermedades", valorado en miles de billones de dólares, arriesgando así la salud y las vidas de cientos de millones de pacientes y personas.

Una condición previa para el auge de la industria farmacéutica como fulgurante negocio de inversión fue la eliminación de la competencia de las terapias seguras y naturales, ya que éstas no son patentables y sus márgenes de beneficio son escasos. Además, estas terapias naturales pueden ayudar a prevenir de forma efectiva e incluso a eliminar enfermedades, debido a sus funciones esenciales en el metabolismo celular.

Como resultado de la eliminación sistemática de las terapias de salud natural y del desarrollo de los sistemas de salud pública en la mayoría de los países del mundo, la industria farmacéutica ha provocado que millones de personas, y casi todas las naciones del mundo, dependan de su negocio de inversión.

Una más de las estrategias que sigue la mafia de la industria farmacéutica es el número abundante de científicos que aceptan de las empresas farmacéuticas grandes sumas de dinero a cambio de poner sus nombres en artículos que no han escrito y en los que se recomiendan nuevos medicamentos. Los autores reales son "negros" pagados por las empresas farmacéuticas interesadas en la distribución de un determinado producto. Y esos artículos se pueden encontrar en las publicaciones científicas más "importantes". Se asegura que en algunos casos los científicos ni siquiera han visto los datos sobre los que supuestamente escriben. Es más, incluso llegan a dar conferencias basadas en esos estudios ante colegas suyos y en encuentros patrocinados por la empresa farmacéutica recibiendo a cambio sustanciosas cantidades.

Grandes multinacionales han asumido el negocio de la salud. Su primera regla de oro debiera ser pues la salud pero su naturaleza privada, su condición de corporaciones industriales, les impide olvidar lo sustancial de su naturaleza: el beneficio económico. El diario "El País" publicaba en enero de 2000 esta noticia: "La psicosis de gripe permite a dos laboratorios recuperar su inversión".

Y en ella se decía: "La epidemia de gripe que aparentemente asola el globo no es tan extensa ni seria como parece pero está haciendo las delicias de Roche y Glaxo Wellcome, los dos laboratorios que han lanzado al mercado las medicinas que resuelven el problema. Ambas compañías están inmersas en una intensa campaña de marketing que les ha costado miles de millones de dólares en todo el mundo y han conseguido que la gente se precipite a las farmacias a por sus fármacos a pesar de que la incidencia de la gripe no es mayor que en años precedentes."

Me permito poner un ejemplo muy simple que nos ayude a comprender el alcance de los intereses económicos de la industria farmacéutica: ¿qué pasaría con alguien que pretendiera permanecer al margen de los intereses de los grandes laboratorios? Pues probablemente lo mismo que pasaría con quien quisiera comercializar un producto sustitutivo de la gasolina al margen de las grandes corporaciones. Creo que el asunto esta claro y no exageramos ni un ápice cuando muchos de los que observamos la acción criminal de la poderosa industria farmacéutica la catalogamos como genocidio en toda regla.

 

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