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Un reciente estudio de la obra social de Caixa Catalunya, explica que la tasa de pobreza en España estriba en un alarmante 19,7%. Según se precisa en la investigación, las tasas más altas de pobreza moderada se concentran en los dos extremos del ciclo vital: los menores de 16 años y los mayores de 65. Los menores son los más proclives a padecer pobreza alta y severa. En general, las políticas sociales protegen a las personas mayores de la pobreza severa, pero no de la pobreza moderada. La pobreza infantil, al contrario que en otros países del entorno europeo, no han acontecido aún una prioridad política en España. No hace tantos años, en los colegios españoles se dispensaba a los niños leche y alimentos esenciales ante la precariedad social y escasez de recursos en los hogares. No es exagerado estimar que, si los observatorios sociológicos y políticos echasen la vista a las cloacas marginales de las grandes urbes, habría que volver a auxiliar a la infancia con lo más esencial. Pero quizá, no haya que ir hasta los poblados chabolistas para ponernos al día de la patética realidad social que va tomando forma, pues la pobreza se va extendiendo a velocidad alarmante por las arterias de cualquier pueblo o ciudad. Hay un creciente pánico por parte de millones de familias y necesidad de ayuda urgente. En muchos casos, la crisis, el paro y la injusticia social, han aniquilado toda expectativa económica de hogares en los que ni siquiera de puede pagar la luz o ir a la compra. El capitalismo, la globalización, la banca, los gobiernos o en concreto el aberrante sistema internacional que nos administra, ha permitido que lleguemos a puntos de extrema pobreza. Hace bien poco, las ONG recaudaban dinero para paliar las necesidades de África, hoy por hoy, en plena era del despilfarro y avances tecnológicos, los bancos de alimentos en nuestro país, han encendido todas las alarmas, pues no dan abasto con la demanda existente. Un millar de organizaciones sociales llamaban el pasado año en España a rebelarse contra la pobreza y el hambre en todo el mundo, pero advierten que esos dramas se sufren también en este país. Algunos colectivos sociales reclaman que los partidos políticos y los gobernantes se comprometan con la lucha contra la pobreza y censuran la incoherencia de gigantescas infraestructuras de cooperación internacional y de inmigración, mientras que en España, la necesidad es cada vez mayor, el paro desolador y la alarma social es un fantasma con una sombra cada vez más larga. Existen investigaciones sobre las condiciones en que viven los pobres en España, auspiciada por la organización Caritas y que alertan sobre el aumento de la pobreza severa en nuestro país y sobre otro aspecto preocupante: la edad cada vez más joven de la población en el umbral de la pobreza. En España, el 44% de las personas pobres son jóvenes y niños. La extensión de la pobreza en familias es superior a la media en Europa. Este hecho tiene mucho que ver con la patente desigual y distribución de la riqueza. Un hecho llamativo es el aumento acelerado del número de jóvenes que viven en la pobreza. El 44.1% del total de los pobres en España tienen menos de 25 años. Son niños y jóvenes. En la pobreza extrema, por ejemplo, más del 65% del colectivo tienen menos de 25 años. En el conjunto de los pobres severos el 53.2% son jóvenes o niños. Son realidades latentes y gravísimas sobre las que urge una investigación en profundidad urgente sobre lo que está sucediendo con la juventud y la infancia en España, y sobre todo con el pronóstico del futuro de este sector para arbitrar actuaciones y políticas sociales que den una definitiva solución a esta sangrante situación. La población pobre acapara en España la inmensa mayoría de los males, carencias y problemas sociales existentes en nuestro país como el paro, el analfabetismo, las toxicomanías, el prostituismo, la delincuencia y la marginalidad en general. En suma, se puede y debe decir que los pobres «cargan» con la mayor parte de los males. La ocupación laboral está claramente en contra de los pobres más pobres. A más juventud, pobreza más grave y viceversa. Hay que insistir en que los que están en pobreza severa están sufriendo unas condiciones de vida muy duras por no decir casi miserables, pero no hay que olvidar a los muchos (más de tres millones y medio) que sufren la llamada pobreza moderada, que les excluye de modo muy claro del modo de vivir medio de sus conciudadanos. Especialmente llamativo es el hecho de que un importantísimo segmento de los ocupados no disponga de un nivel de ingresos suficientes para traspasar el umbral de la pobreza. Tal realidad constituye un reto para la sociedad española, condicionada hasta ahora por la falta de respuestas de la política económica y social. La desigualdad salarial, la incidencia del empleo de bajos salarios y el problema de los trabajadores pobres forman parte de una misma secuencia, cuyo origen se sitúa inevitablemente en la aceleración de los cambios en el mercado de trabajo. Las consecuencias del pernicioso capitalismo, dejan este lastre de miseria, injusticia, desigualdad y pobreza que, al no tener solución ni reacción válida por parte de los gobiernos se convierte en un generalizado miedo social anunciado que es sinónimo de depresión, malestar social y una alarma generalizada que, salvo que no se ponga remedio, apunta a un futuro inmediato en el que se presagia un horizonte muy oscuro.
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