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El despotismo
ilustrado fue la forma de gobierno que algunos monarcas europeos (siglo
XVII), intentaron aplicar a principios de la Ilustración sin renunciar a
ninguno de sus derechos. "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo".
Daban educación (aunque no excesiva) y sanidad, para tener al pueblo
contento. En esencia, se trata de una forma de poder, sin contar con la
opinión de los ciudadanos. No muy diferente de las formas de
administración de los actuales gobiernos.
Y no solo no se
cuenta con el pueblo, ni tampoco cuenta este, excepto para recaudar
impuestos y amasar votos. Veamos si no, como todos los días ocurren
pequeños dramas de los que casi nadie se entera y a los que el gobierno
y las administraciones dan la espalda. Por ejemplo, la tienda de equipos
informáticos que dos recientes licenciados universitarios abrieron el
año pasado, fue traspasada ayer, la situación era insostenible, lo que
comenzó siendo un floreciente negocio, de súbito se ha convertido en una
desolada exposición de elementos informáticos que solo generaba deudas.
Al mismo tiempo, el bar de la esquina se cierra, de la noche a la
mañana, después de nueve años funcionando. Así son las cosas, y el caso
es que no parecía que les fuera tan mal. La tienda de suministros
industriales, recauchutados y neumáticos de toda la vida, la de Fermín,
que llegó a tener hace años ocho empleados, finalmente ha cerrado,
mandando a la calle a los tres que le quedaban en los últimos tiempos...
Así, con esta
imparable cadena de pequeños fracasos, se construye la miseria de un
país. Así se destruyen los puestos de trabajo. Se trata de una debacle
continuada, en la que el endeudamiento, la cada vez más acuciante falta
de poder adquisitivo, el desempleo y el inquisitivo proceder de
banqueros y jueces contra quienes quedan en la estacada laboral y
económica, va dejando una estela de desolación y deterioro social que
jamás aparece en los periódicos ni es objeto de reivindicación por los
sindicatos. Por cierto, ¿cuál es el papel de los sindicatos ante la
hecatombe que padecemos los más débiles?
Sin embargo, el
partido de Zapatero que, triste y sorprendentemente se autodenomina
socialista y obrero, a través de una total opacidad reparte entre los
bancos nada menos que cien mil millones de euros procedentes del erario
público. Pero, ¿quién nos ayuda a los obreros?, ¿quién ampara a las
familias ante la agobiante situación de paro, escasez de dinero, pago de
hipotecas y falta de recursos? El pastel, generado a través de los
impuestos que los obreros pagamos al Estado, solo tiene una porción y
está, es únicamente para los todopoderosos banqueros, quienes
precisamente han propiciado el desplome económico y se embolsan vastos
dividendos en beneficios. Sin embargo, los obreros no tenemos ningún
recurso de amparo, ni el Estado, ni los sindicatos y ni mucho menos los
bancos que, cual sanguijuelas, amasan inmensos beneficios y negocios.
En España la clase
política que nos gobierna -desde el Gobierno y desde la oposición-
piensa que los ciudadanos somos menores de edad. Gentes ignorantes e
incapaces de tener opinión. Por eso -unos y otros, PSOE y PP- defienden
que este tipo de asuntos y tantos otros deben ser gestionados en
secreto: Todo para el pueblo pero sin el pueblo. Está
claro que nos engañaron cuando nos contaban aquello de que la
transparencia de los asuntos públicos era la garantía de la democracia.
España se muere,
esta en coma profundo, mientras tanto, los políticos que gobiernan esta
España rota (¡socialistas y obreros!...) entregan a los banqueros
centenares de miles de euros, hacen pleitesía en la Casa Blanca y nos
arrojan a la cara los muertos de la contienda civil española.
Los políticos son
unos totales inútiles y descomunales déspotas ante los acuciantes
problemas que asolan a España. Solo ellos han creado la actual antesala
que soportamos de tiempos muy duros y enormes necesidades: el paro, la
baja natalidad, la vivienda, el nefasto sistema educativo, el
envejecimiento de la población, el decreciente poder adquisitivo, la
inmigración, la masificación de la sanidad, la corrupción…
En suma, es como
aquel despotismo ilustrado de las monarquías del siglo XVII: todo
para el pueblo pero sin el pueblo. Lo que cada vez me lleva a
estar más de acuerdo con el inmortal y genial Fernando Fernán Gómez, que
reconocía la anarquía como única solución y salida ante la fecal
situación social que han propiciado los políticos.
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