"Que nos gobiernen

las putas"

Felipe Medina

 

 

 

Navegamos sin norte y sin rumbo, en un barco que hace aguas de babor a estribor y entre las cruentas tormentas de un mundo al revés. Nadie sabe que nos depararán las aguas revueltas y enlodadas, ni donde y como se producirá el naufragio, aunque es arto patente que la cosa pinta mal, muy mal. De hecho, según algunas encuestas, lo que fue santo y seña de la apertura de nuestra democracia hace ya tres décadas: políticos, periodistas, jueces y policías figuran al día de hoy como los más desprestigiados y rechazados por la sociedad española. Es un claro indicio de que, a estas alturas, el sistema está siendo devaluado y cuestionado por los ciudadanos.

Tienen toda la razón los españoles cuando desprecian a políticos y periodistas. Los primeros, con su pésimo gobierno, están llevando a España hasta el abismo, mientras que los periodistas silencian la información, los dramas y errores que afectan al partido con el que se sienten identificados. Como es del todo lógico, las víctimas de esta sucia conspiración somos los propios ciudadanos. La verdad es que, cegados por el poder, envilecidos por los privilegios y entregados a la mentira y al engaño, gran parte de los políticos y los periodistas españoles se están convirtiendo en enemigos del pueblo.

Aquellas valoraciones de los años ochenta eran el reflejo de una sociedad ilusionada que miraba el futuro con esperanza; las de hoy son los sentimientos de una sociedad frustrada y en casi todas las ocasiones crispada, que se siente engañada.

El pueblo llano, mira ya con desprecio y odio a los políticos y a los periodistas como adversarios. Y creo tienen toda la razón porque políticos y periodistas son los principales culpables del drama actual de España, un país que ha convertido la democracia ilusionante que sustituyó al franquismo en una sucia y penosa dictadura de partidos políticos inútiles y culpables de que España avance hoy hacia el desempleo, la pobreza, la corrupción, el desprestigio y hacia su derrota como proyecto común de convivencia y bienestar.

Mayoritariamente sentimos que no estamos representados por los políticos y además, es claro estamos siendo objeto de un vilipendio desproporcionado por parte de los periodistas. Sólo los “ciegos”, los fanáticos y los que viven de ordeñar al Estado siguen siendo files a una política degradada y a un periodismo que ha abandonado su compromiso con la verdad y se ha vendido al poder.

Cada día son más los ciudadanos que no pueden sentirse representados por gente como Zapatero, Rajoy o los grandes medios de comunicación escritos o audiovisuales, así como otros muchos miembros de la nueva aristocracia democrática española y también de la inservible realeza que, como todos conocemos es un legado del franquismo totalmente obsoleto y crepuscular. A todos ellos el pueblo los señala como traidores de la verdadera democracia y como culpables de haber corrompido el sistema.

Debería quedar meridianamente claro que, la gente somos menos ignorantes de lo que políticos y periodistas creen. Sabemos, por ejemplo, de la notoria alianza bastarda y antidemocrática entre el poder político y los medios de comunicación, cuyas principales consecuencias han sido el blindaje de los políticos ante la opinión pública, la impunidad casi absoluta de los gestores públicos, la renuncia a la verdad y el intercambio de favores entre la casta política y los empresarios mediáticos, cuyas empresas editoriales se mantienen vivas gracias al dinero público y a los muchos favores que reciben del poder, a cambio de apoyos, subvenciones y publicidad institucional.

Sentimos con preocupación, angustia e impotencia como estamos siendo pésimamente gobernados por una casta política que ha sustituido el "servicio público" y el "bien común" por una amalgama de intereses bastardos entre los que priman el enriquecimiento fácil y rápido, la corrupción, el control exhaustivo del poder, el enchufismo, el descontrol, los privilegios, el despilfarro y la marginación de los ciudadanos, mientras el país es empujado por las élites y fariseos de esta falsa democracias hacia un abismo irremediable.

Todo esto, me recuerda a que hace poco, una nutrida manifestación en México D. F. portaba una enorme pancarta en la que textualmente se podía leer: “que nos gobiernen y juzguen las putas, ya que sus hijos nos han fallado”. Ya se que se trata de una expresión de mal gusto, pero bastante significativa en torno a la devaluada concepción que sobre los políticos tenemos el pueblo llano y la realidad cruda y dura que hemos de soportar. 

 

 

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