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De
todas las noticias terribles que hemos ido conociendo a través
de los medios de comunicación a raíz del terremoto que ha
arrasado Haití, una de las más extrañas y patéticas no está
fechada precisamente en aquella isla. En realidad tiene su
origen en España y describe la indecente práctica de algunas
entidades bancarias que están cobrando comisiones a los
ciudadanos que acuden a las sucursales de esos bancos y cajas de
ahorro para depositar algún dinero en las cuentas abiertas por
las diferentes ONG"s que se están volcando en ayuda de los
damnificados por el terremoto.
La nación
está desolada, la gente deambula por las calles sin norte ni
rumbo, hay muchos muertos, desaparecidos, heridos; gente
desesperada que lo ha perdido todo, incluso a los suyos. Puerto
Príncipe, la capital del país caribeño, se ha visto devastada
por un seísmo de 7,3 en la escala de Richter. Los daños humanos
y materiales han sido muy cuantiosos y las víctimas mortales se
cuentan por decenas de miles. Ha sido una terrible desgracia que
debe unir todos los esfuerzos del planeta para ayudar, sin
embargo, algunos entidades financieras, en un asombroso
ejercicio de pérdida de dignidad y escrúpulos, hacen también
negocio a costa de las donaciones que muchos ciudadanos intentan
hacer llegar a aquel país devastado, para en la medida de los
posible ayudar en la enorme magnitud de una infinita desgracia.
Lo
hiriente, insultante y ofensivo del caso es que hace unos meses,
algunas de estas entidades no tuvieron recato ni comedimiento en
cobijarse bajo el paraguas de otro tipo de "caridad pública", la
que supone contar con el aval del Estado -dinero de los
contribuyentes- para tapar los malos manejos, embrollos,
enjuagues, artimañas y agujeros en los que se habían metido por
sus desatinos, avaricia, inconsecuencia y malas prácticas
financieras. Otros bancos que no acudieron a solicitar la ayuda
del Gobierno, igualmente están entre los que de manera tan ruin,
avariciosa y desalmada se aprovechan como sanguijuelas de una
tragedia como la sufrida por Haití cobrando un porcentaje sobre
los donativos de quienes, pese a la crisis que sufrimos en
España, hacen suyo el dolor de los millones de seres humanos que
lo han perdido todo.
Toreros,
como el francés Sebastián Castella, se han jugado la vida en pro
de hacer llegar lo recaudado a las víctimas de Haiti. Artistas
consumados, deportistas, intelectuales y gente de bien de todos
los escalafones sociales y profesionales del planeta se han
volcado generosamente, cada cual en su medida, para ayudar a
paliar la desgracia acaecida en la isla caribeña y que de una u
otra forma, nos concierne a todos. Sin embargo, parte de la
banca, intenta sacar jugo hasta de la más desproporcionada
miseria humana.
Recordemos: alrededor de cien mil muertos, cientos de miles de
heridos, tres millones de personas sin casa, miles y miles de
huérfanos sin futuro. La mayor catástrofe desde la Segunda
Guerra Mundial. A quienes presiden o dirigen las cajas y bancos
que cobran comisiones de los donativos a favor de Haití se les
debería caer la cara de vergüenza. Nunca pensé que el género
humano podría caer tan bajo y que tuviera que escribir un
artículo como este. |
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