Parte de la banca, intenta sacar jugo hasta de la más desproporcionada miseria humana

¡Pero que poca vergüenza!

 

 

 

Por: Felipe Medina

 

 
 

 De todas las noticias terribles que hemos ido conociendo a través de los medios de comunicación a raíz del terremoto que ha arrasado Haití, una de las más extrañas y patéticas no está fechada precisamente en aquella isla. En realidad tiene su origen en España y describe la indecente práctica de algunas entidades bancarias que están cobrando comisiones a los ciudadanos que acuden a las sucursales de esos bancos y cajas de ahorro para depositar algún dinero en las cuentas abiertas por las diferentes ONG"s que se están volcando en ayuda de los damnificados por el terremoto.

La nación está desolada, la gente deambula por las calles sin norte ni rumbo, hay muchos muertos, desaparecidos, heridos; gente desesperada que lo ha perdido todo, incluso a los suyos. Puerto Príncipe, la capital del país caribeño, se ha visto devastada por un seísmo de 7,3 en la escala de Richter. Los daños humanos y materiales han sido muy cuantiosos y las víctimas mortales se cuentan por decenas de miles. Ha sido una terrible desgracia que debe unir todos los esfuerzos del planeta para ayudar, sin embargo, algunos entidades financieras, en un asombroso ejercicio de pérdida de dignidad y escrúpulos, hacen también negocio a costa de las donaciones que muchos ciudadanos intentan hacer llegar a aquel país devastado, para en la medida de los posible ayudar en la enorme magnitud de una infinita desgracia.

Lo hiriente, insultante y ofensivo del caso es que hace unos meses, algunas de estas entidades no tuvieron recato ni comedimiento en cobijarse bajo el paraguas de otro tipo de "caridad pública", la que supone contar con el aval del Estado -dinero de los contribuyentes- para tapar los malos manejos, embrollos, enjuagues, artimañas y agujeros en los que se habían metido por sus desatinos, avaricia, inconsecuencia y malas prácticas financieras. Otros bancos que no acudieron a solicitar la ayuda del Gobierno, igualmente están entre los que de manera tan ruin, avariciosa y desalmada se aprovechan como sanguijuelas de una tragedia como la sufrida por Haití cobrando un porcentaje sobre los donativos de quienes, pese a la crisis que sufrimos en España, hacen suyo el dolor de los millones de seres humanos que lo han perdido todo.

Toreros, como el francés Sebastián Castella, se han jugado la vida en pro de hacer llegar lo recaudado a las víctimas de Haiti. Artistas consumados, deportistas, intelectuales y gente de bien de todos los escalafones sociales y profesionales del planeta se han volcado generosamente, cada cual en su medida, para ayudar a paliar la desgracia acaecida en la isla caribeña y que de una u otra forma, nos concierne a todos. Sin embargo, parte de la banca, intenta sacar jugo hasta de la más desproporcionada miseria humana.

Recordemos: alrededor de cien mil muertos, cientos de miles de heridos, tres millones de personas sin casa, miles y miles de huérfanos sin futuro. La mayor catástrofe desde la Segunda Guerra Mundial. A quienes presiden o dirigen las cajas y bancos que cobran comisiones de los donativos a favor de Haití se les debería caer la cara de vergüenza. Nunca pensé que el género humano podría caer tan bajo y que tuviera que escribir un artículo como este.