Suben la edad de jubilación, ciñen al mínimo las pensiones, nos oprimen hasta la mismísima miseria y sin embargo, ellos, los políticos, sitúan sus pensiones por encima de lo permisible, soportable, más allá de la sensatez y a años luz de la moderación

 La indecencia y descaro de las pensiones de los políticos, un vergonzoso abuso y cinismo

 

 

Por: Felipe Medina

 

 
 

Mientras el Gobierno anuncia que va a reformarse el sistema de pensiones y propone subir entre otras cosas la edad de jubilación a los 67 años, nuestros políticos –diputados, senadores, eurodiputados, Presidentes de Comunidades autónomas, miembros del Gobierno y demás aflatares y altos cargos- disfrutan de unos privilegios escandalosos si los comparamos con los del resto de los mortales. Muchos miembros de nuestra clase política pueden compatibilizar en algunos casos hasta tres pensiones y cobrar la pensión máxima con tan solo con haber cotizado entre 7 y 11 años, mientras los demás trabajadores debemos haberlo hecho durante 35 años. Todo un pésimo ejemplo que no habla precisamente muy a favor de nuestros dirigentes y que pone en evidencia una vez más la mezquindad de la tribu política.

¿Es de recibo estas diferencias de trato? La respuesta más objetiva es, NO. Pero la realidad delata una injusta situación que pasa por que tanto para los ministros como los secretarios de Estado exista la posibilidad de compatibilizar dos y hasta tres tipos de pensiones una vez que deciden retirarse o cesar en el cargo para el que han sido nombrados. Los demás ciudadanos solo podemos cobrar una, o en el mejor de los casos, dos pensiones, si la suma de ambas no llega a la cuantía máxima establecida en unos 2.200 euros.

La polémica, pues, está servida. De hecho, han sido ya varios los dirigentes políticos que han sido preguntados al respecto y han tenido que salir al paso para reconocer –entre líneas- que gozan de unos privilegios difíciles de entender por la ciudadanía, máxime en estos momentos de crisis y cuando desde el Gobierno se está pidiendo austeridad y se comienza a recortar en prestaciones, masacrar en impuestos, amenazar con recortes salariales, reducir las pensiones o ampliar la jubilación a los 67 años de edad. Pero ellos no, jamás piensan en recortes, austeridad, ajustes o sacrificar una mínima parte de sus desproporcionadas pensiones o abusivas ventajas sociales. 

Probablemente, muy pocos de mis queridos lectores sepan que, mientras todos los contribuyentes debemos tributar en base a nuestros ingresos íntegros, un tercio del sueldo de los diputados o senadores no está sujeto a IRPF porque se considera como indemnización para gastos de su cargo. Es un escándalo descarado y una sinrazón que nos debe llevar a pensar de una vez por todas que esta manada de políticos es un auténtico cáncer y desde luego, no tienen ningún argumento defensivo para ser considerados como fidedignos responsables de gran parte de los males y miserias de la humanidad.

Siguiendo discerniendo en torno a las prebendas de los políticos en cuanto al tema que nos ocupa, la primera gran diferencia entre una pensión pública y una pensión de un alto cargo, o mejor dicho entre un ciudadano y un alto cargo institucional, es que así como el ciudadano nunca podrá percibir dos salarios del erario público, el ministro, el senador, diputado, secretario, etc…, podrán percibir dos y tres salarios del Erario Público. ¿Dónde se encuentra el límite de los políticos entre la decencia y la indecencia?, ¿hasta cuando el farisaísmo, hipocresía y obscenidad?

Otra gran diferencia, es que los ciudadanos estamos obligados a cotizar durante 35 años para cobrar la totalidad de la base reguladora de la pensión a la que tengamos derecho, sin embargo a los miembros del Gobierno les basta con jurar el cargo y acumular siete años de ejercicio para poder obtener la pensión máxima de jubilación.  Y este gran privilegio lo tienen gracias a lo que ellos denominan pensión parlamentaria, que es la pensión que las Cortes Generales abonan con cargo al presupuesto a quienes hayan sido miembros del Congreso de Diputados o del Senado durante al menos 7 años. Esta pensión parlamentaria se creó para los supuestos en que los parlamentarios no alcanzaran el límite máximo de pensiones públicas. En esos casos las Cámaras abonan la diferencia entre ese límite de pensión máxima y la pensión percibida por el diputado, en resumen, las Cámaras pagarán el dinero necesario hasta que el diputado alcance la base máxima de jubilación. ¿Se puede tener más cara dura?Los parlamentarios cobran además una indemnización por cese equivalente a una mensualidad de la asignación constitucional por cada año de mandato parlamentario en las Cortes Generales y hasta un límite de 24 mensualidades. Esta indemnización además se abonará mensualmente. 

Los ministros tampoco se quedan cortos y cuando cesan en su cargo perciben el  80% de su salario durante los dos años siguientes pudiendo compatibilizar este ingreso con el sueldo de  diputado o senador. Pero hay más. Se han dado casos, como el de Pedro Solbes, que han  compatibilizado su indemnización por dejar el escaño en el Parlamento europeo y su cargo de ex comisario europeo con su pensión de dos años como ex ministro del Gobierno.

Mientras tanto, desde el Gobierno hablan de austeridad y de contención económica. Es muy significativo que ninguno de los ex parlamentarios o ex ministros renuncien a su indemnización y sigan acumulando y simultaneando pensiones y remuneraciones con todas las garantías legales y con el dinero de los contribuyentes, amén de sus negocios particulares.¿Acaso –por poner dos ejemplos- necesitan Felipe González o José María Aznar las millonarias pensiones que obtienen del Erario Público con lo que logran a través de sus suculentos negocios privados? Lo normal sería que vivieran de su trabajo como hacemos cualquier español de a píe. Sin embargo, hay dos clases de ciudadanos: los meros contribuyentes y los políticos, que obtienen unos privilegios inauditos.

Y ahora, tal como manda el Gobierno: trabajemos más, cobremos menos, tengamos menos calidad de vida, paguemos más impuestos y votemos. No nos debe extrañar que se maten entre ellos para lograr entrar en la cueva de Alí Baba.