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LA IGLESIA CAPITALISTA
Por: Felipe Medina
Hablar sobre la Iglesia Católica no deja de ser complejo, sobre todo, porque la inmensa legión que endosa las filas de catolicismo suele ser de ideas herméticas y claudica a pies juntillas con los dogmas de su secta sin admitir ningún tipo de impugnación o debate. Además, la Iglesia Católica, ha pretendido a toda costa –entre otras muchas cosas- hacerse con el monopolio del cristianismo, cuando en realidad, catolicismo y cristianismo pueden y deben ir por diferentes senderos o dicho de otra forma, se puede ser cristiano, sin tener nada que ver con los fundamentos catolicistas. Pero la peliaguda y sofisticada maraña que sostiene a la Iglesia Católica, tiene un incalculable poder en todos los órdenes sociales, políticos y económicos que abarca casi todo y no admite discusión alguna. Ya calcularan mis queridos lectores que quien suscribe no comulga en absoluto con el dogma católico y en absoluto me duelen prendas confesarlo de manera pública y diáfana. De hecho, si tras la elaboración de este breve y modesto ejercicio de investigación, la Iglesia Católica me excomulga, me haría un enorme favor para así, poder saltarme los engorros e interminables trámites que suponen solicitar la apostasía de la enmarañada secta del catolicismo. El detonante para abordar el presente trabajo, vino dado tras la conversación que mantenía recientemente con un buen amigo que visitaba Córdoba el pasado verano. Al acercarse este, a la mezquita, que como todos sabemos es uno de los monumentos más emblemáticos de Andalucía le fueron solicitados 8 euros por la entrada al recinto. Mi buen amigo se informó a través del personal laboral allí presente y le explicaron que el promedio diario de visitantes oscilaba entre 2.500 y 2.800 personas y que este dinero (hagan cuentas) iba a parar al obispado de Córdoba. En realidad, es imposible calcular lo que por conceptos de esta índole obtiene la Iglesia a diario. Y más difícil aún, averiguar cuantas propiedades y dinero en efectivo es donado por ancianos, pensando que eso es una buena obra. Pero la opacidad de esta vampírica institución sobre temas que le interesan es algo fuera de lo normal, quizá, tanta como su corrupción moral. En España la Iglesia Católica es una gran potencia inmobiliaria. De todos es sabido que no hay pueblo sin iglesia, ni ciudad sin catedral, ni casi monte sin ermita. Se calcula que el patrimonio eclesiástico está integrado por 100.000 inmuebles. O dicho de otra forma, el 80% del patrimonio histórico-artístico nacional pertenece a la Iglesia. Para muestra, el 70% del suelo habitable de la ciudad vieja de Toledo está en manos de la Iglesia. Y lo mismo, puede decirse de Ávila, Burgos o Santiago de Compostela. Nadie sabe la cuantía total del patrimonio eclesiástico. Pero la Iglesia no da ninguna cuenta en torno a ello, escudándose en el funcionamiento diocesano de la misma. Tan sólo en Roma un tercio de los edificios son propiedad del Vaticano Y es similar en otras ciudades italianas. El tesoro en oro acumulado por el Vaticano es posiblemente uno de los más grandes del mundo. A los indígenas de América –que fueron matados a millones por ese oro– hasta el día de hoy no se les ha devuelto nada. La Iglesia española es accionista de empresas como Inditex (Zara), Endesa, Banco Popular o Teléfonica. A través de Umasges, la sociedad creada por la cúpula eclesiástica, ésta invierte en Bolsa. La Santa Sede es propietaria de acciones en la General Motors, IBM y Disney, además es inversora en empresas de alimentación (FOCUS-online). A esto hay que añadir empresas de servicios y de telecomunicación, así como bancos y aseguradoras valoradas, según estimaciones de ciertos estudios, en más de 12.000 millones de euros. Según puedo averiguar, el Estado español y la Santa Sede firmaron el 3 de enero de 1979, entre otros, un acuerdo sobre asuntos económicos de la Iglesia católica española, que contiene su financiación y su exención de impuestos. Seguramente que pocos de ustedes saben que, solamente a cargo directo de los Presupuestos Generales del Estado, la Iglesia católica recibió en 2005 la nada desdeñable cifra de 141.469.680 euros. Pero hay más, el gobierno ha decidido hacer un regalo anual a cargo de las arcas públicas y con dirección a las de la Conferencia Episcopal de 35 millones de euros extra, al margen de lo que les correspondería por ley. Pero existen pocos datos concretos sobre el dinero que percibe la Iglesia de las diferentes administraciones públicas con destino a conservar y mantener su patrimonio (iglesias, catedrales u otros edificios de su propiedad); no obstante, he podido acceder a través de la red a un informe elaborado por la Fundación Caja Madrid en el que se desvelaban los datos del año 2001. La Iglesia había recibido 106 millones de euros fundamentalmente de las arcas de los ayuntamientos en concepto de «conservación de patrimonio». Mientras muchos centros públicos padecen situaciones penosas, con infraestructuras escasas, masificación, falta de medios, etc., el Estado subvenciona con 2.500.000 euros centros privados de educación que pertenecen a la Iglesia. ¡Inverosímil! Se calcula que el montante total que la Iglesia recibe de las arcas públicas asciende a más de 3.300 millones de euros anuales. Además, tienen desmesurados privilegios fiscales ya que la Iglesia no paga IVA en sus compras, ni paga impuesto de sucesiones o donaciones. Mientras tanto, en el mundo mueren millones de personas de hambre, sed o enfermedades fácilmente asumibles. La crisis va dejando una estela de miseria entre millones de familias y el planeta esta plagado de injusticias, escaseces, penurias y pobreza. Si embargo, la Iglesia Católica da la sensación que se preocupa mucho más por mantener su estatus económico y de inmenso poder que por paliar con sus riquezas el ahogo en que esta inmersa la humanidad ¿Qué diría Jesús de Nazaret si viniera de nuevo a la vida y viera lo que la Iglesia a hecho de Su obra?
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