La garduña

Por: Felipe Medina

 

El pasado día 22, la Guardia Civil, en una operación conjunta con la Policía italiana -los Carabinieri-, detenían en la cercana localidad de Escalona a Marco Assegnati, considerado por las autoridades policiales italianas como el jefe del clan 'Nino' de la camorra napolitana. Assegnati estaba incluido en la lista de los cien mafiosos más buscados en Italia, vivía en España desde 2003 y dirigía una tienda de compraventa de coches.

El anterior comentario que, leí hace pocos días en prensa me traía a la memoria el nombre de una sociedad secreta española, probablemente la más importante de nuestra historia y que nació y se desarrollo muy cerca de Talavera, concretamente en la ciudad de Toledo: La Garduña. Se desconoce la fecha de su fundación, aunque se barajan fechas que rondarían el año 1412 o 1415. Con más certeza se podría hablar de su supervivencia: hasta bien entrado el siglo XIX. Y es que, La Garduña, fue la fuente de inspiración y la antesala de todo tipo de organizaciones criminales internaciones, principalmente de la camorra napolitana. Por ello, me ha resultado paradójico que, siglos después de la fundación de esta siniestra organización, un mafioso napolitano, sea detenido muy cerca de la Ciudad donde nació el germen de la mafia siciliana. En verdad, y nunca mejor dicho, el mundo es un pañuelo.
Todo lo que se refiere a la formación de La Garduña, ha quedado sepultado en las brumas de la historia. Se aseguraba que era una organización religiosa o, al menos, se les tenía por una hermandad con fuertes vínculos religiosos. Incluso en algunos casos se ha sospechado que nació al calor de la catedral de Toledo. No obstante, a pesar de su presumible relación con las altas jerarquías eclesiásticas toledanas, La Garduña se hacía servir de una verdadera caterva de malhechores, delincuentes, secuestradores y asesinos a sueldo.
Rodríguez Bausa ha rastreado lo poco que se puede averiguar de esta hermandad en archivos y fondos eclesiásticos y civiles. En el archivo municipal de Toledo, se registran las actividades delictivas de la Garduña y se puede intuir quienes pertenecían a tan siniestra orden.
Durante los siglos XVI y XVII la Inquisición tuvo muchísimo poder en la ciudad de Toledo y hay documentos que parecen sugerir cierta relación entre esa institución político-religiosa y la Garduña. Más probablemente esa asociación fue una estrategia defensiva. Cuando los miembros de la Garduña eran sorprendidos en sus fechorías, solían proclamar que estaban actuando al amparo de la Santa Inquisición, como un brazo ejecutor de apoyo, atacando, extorsionando, robando y asesinando a musulmanes y judíos.
El historiador Juan Antonio Llorente hablaba de 340.592 victimas del santo oficio registradas en España. De ese gran numero, según Llorente, 31.912  fueron quemados en público. Pero la cuestión que aquí nos interesa no es cuantas personas fueron ejecutadas mediante procesos teóricamente “legales”, la cuestión es cuantas fueron ejecutadas mediante procesos paralelos, ósea, mediante el trabajo de la Garduña. No hay datos fidedignos de las ejecuciones que pudieron llevarse a cabo en otros ambientes, pero se asegura que la Garduña hacía esos trabajos sucios, esos trabajos deshonestos incluso para los herederos de Torquemada.

Se sabe que, operaba con casi total impunidad, dado que, entre sus acólitos y colaboradores contaba con gobernadores, jueces, alcaldes y hasta directores de prisión. A lo largo de su andadura la Garduña se disimuló –como hemos aclarado- como una orden religiosa, arrogándose el derecho divino a robar y asesinar. Como todas las sociedades esotéricas de la época, la Garduña no

tenía al parecer documentos escritos ni estatutos, a través de la iniciación y las siguientes elevaciones de grado, se iban comunicando a sus miembros las palabras secretas, los toques y signos de reconocimiento. La traición a estas

normas no escritas, se pagaba con la vida, conociéndose algunos casos en que miembros que la hermandad fueron ajusticiados por haber actuado sin la previa autorización de sus cabecillas. Y si bien no tenían documentos escritos

relativos a su organización, la vanidad de sus últimos grandes maestros les llevó a escribir el llamado Libro Mayor donde narraban en tono heroico las fechorías llevadas a cabo. Este libro de historia negra plagado de raptos,

robos y asesinatos, fue descubierto en el año 1821 en la casa del Gran Maestro Alfonso Cortina. Como consecuencia de este hallazgo fueron juzgados y ejecutados en la Plaza Mayor de Sevilla, el 25 de noviembre de 1822 El Gran Maestro, sus lugartenientes y otros garduñistas reconocidos.

Lo que ocurrió después y hacia donde derivó esta sociedad secreta es un gran misterio, si bien al rastrear las distintas sociedades secretas delictivas como la Camorra, la Mafia o la Piratería Caribeña y otras muchas que se sucedieron a lo largo de la historia, se pueden encontrar demasiadas similitudes con esta Hermandad criminal toledana. 

 

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