El principio del

fin del mundo

Por: Felipe Medina

 

Corren tiempos de crisis. Según muchos expertos, esta es sin precedentes y está empujando al civilizado mundo materialista a un abismo insondable. La reciente sociedad de consumo del bienestar nos ofrece posibilidades impensables hasta hace dos generaciones. Mientras una quinta parte vive instalada en ese reconfortante y nuevo estatus, dos quintas partes, en el otro extremo, sufren a diario hambre y todas las penurias imaginables.

El consumo desaforado de esta primera y elitista quinta parte, por un lado y el hecho de que somos una gigantesca masa de seres que el planeta no puede mantener esta haciendo que estemos comenzando a experimentar de forma evidente una serie de efectos. Efectos de tal magnitud que, si no ponemos rápidos remedios, aunque estos sean impopulares, el resultado será una crisis global traumática y debastadora. Y quizás, según opinan algunos expertos, sea el principio del fin del mundo. Y es que, verdaderamente hay cosas que dan miedo y entre ellas, los momentos que estamos viviendo.

Sin embargo, los políticos de nuestro país hace tan solo dos o tres meses que se han percatado de que estamos ante una crisis ardua y profunda. Pero la crisis, que ellos solo la traducen desde un entorno financiero y de desempleo que la gente no entendemos del todo, va mucho más allá: cambio climático, migraciones, guerras y conflictos.

Los medios de comunicación nos tapan los ojos ante la acuciante realidad. La depravación informativa a nivel internacional, tiene en España un especial énfasis con esa serie de gente que cuenta sus miserias en ciertos programas a cambio de dinero y que tiene distraída a la población. Existe un poderoso interés por parte de los mandatarios para mantener distraída a la masa a fin de que la gente no se de cuenta de la verdadera gravedad de los hechos y así, no cunda el pánico y se eviten actuaciones especiales por parte de la población en general que irían en perjuicio del actual sistema capitalista, de consumo y globalización. Se entendería, por otra parte y si no fuese por el bombardeo pernicioso de los medios de comunicación que, gran parte de las cosas que consumimos no nos son necesarias en absoluto para vivir.

No hace mucho, uno de los genios del pasado siglo decía: “solo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana, pero no estoy seguro de lo primero”. Y efectivamente, cada día hay más gente que esta convencida que esta afirmación es totalmente cierta.

Los expertos en economía explican que la raíz de la crisis esta en la especulación y el ansia en enriquecerse cada vez más. Cualquiera que observe tan solo un poco la realidad económica, observará que el rico es cada vez más rico y el pobre más pobre. No se trata de un tópico, es una realidad mayúscula. Digamos que, el nivel de las altas finanzas se ha extralimitado a todos los niveles, sin tener en cuenta ningún límite, ya sea económico, ecológico o espiritual

Los sionistas, profetizaban en 1892 a través de un libro, que cuando todo el poder estuviera en sus manos: oro, política, prensa, justicia y política, provocarían una gran crisis mundial, haciendo que todo el mundo se arrodillasen ante ellos, pidiéndoles una solución en tiempos desesperados, momento en el que instalarían a su mesias judío o rey déspota universal.

Al día de hoy, se queman cada día ochenta y seis millones de barriles de petróleo junto con unas cinco mil toneladas métricas de carbón (y va en aumento). Solo a través de esto, los niveles de CO2 que se emiten, son insostenibles, lo que explica el más que preocupante cambio climático y el enorme factor de riesgo que padecemos. Ya lo están advirtiendo los científicos, de no adoptar medidas drásticas con toda urgencia en torno al uso de combustibles fósiles, durante el presente siglo, el planeta pasará de tener seis mil millones de habitantes, a tan solo quinientos. Es más, científicos ingleses están advirtiendo que el año 2020, será el año de no retorno, ósea, el momento en que ya no habrá ninguna posible solución aplicable para la salvación del planeta y el nivel de devastación y caos anunciado. Pero, evitar esto, choca contra la viabilidad económica o el estado de bienestar de occidente. El problema es global y peliagudo ya que, además, hay naciones emergentes como: China, India o Brasil que están comenzando a ser consumidores masivos de energías fósiles.

Sin embargo, hay patentes solapadas para que puedan funcionar vehículos con agua, electricidad o hidrógeno. Pero el poder financiero, presenta una clara oposición a que dejemos de ser dependientes de las energías fósiles.

Por otra parte, a pesar de la publicidad que lanzan los políticos, en realidad no existe interés político ni económico claro en fomentar las energías renovables: solar o eólica.

En los últimos cincuenta y siete años ha aumentado en cuatro mil seiscientos millones el número de habitantes en el planeta debido a una política de natalidad no controlada, sobre todo en los países del tercer mundo. Esto ha propiciado en los últimos años inmigraciones en masa a los países más desarrollados en una loable perspectiva de progreso y bienestar de los más modestos que huyen a toda costa de la miseria. En vista a la creciente perspectiva de  paro, (se calcula que a finales de 2009 habrá en nuestro país unos cinco millones de parados) la inmigración va a resultar un problema añadido de magnitud inmensa, no ya solo social y económica, puede ser que la xenofobia y el racismo surjan de manera exacerbada lo que representará un conflicto de dimensiones incalculables.

La última de las cuatro apocalípticas causas son las guerras. En el caso de las guerras actuales, nos encontramos con la guerra de Irak, movida exclusivamente por obvios intereses estadounidenses a arrebatar los pozos petrolíferos. En la de Afganistán, país donde aparentemente no encontramos más que desiertos, opio y droga, se encierra mucho más. Se trata del país donde tiene que pasar un gigantesco oleoducto que proviene de dos republicas exsoviéticas en el cual los americanos tienen puestos grandísimos intereses.

Además, existe un conflicto pendiente que, tarde o temprano surgirá: China quiere apropiarse de Taiwán (antigua Formosa). Una enorme demanda en los últimos años por parte de los Chinos en comprar ingentes toneladas de acero, ha llevado a saber que, el interés de esta colosal potencia comunista-capitalista que surge cada vez con más fuerza es hacerse con una nueva y moderna flota naval de guerra ya que, sin duda, tendrá en frete a Estados Unidos. Si nadie lo evita, cuestión que parece difícil, se tratará de un conflicto bélico de bestiales consecuencias que arrastrara al planeta entero a una irremediable guerra.

Lo más curioso de esta grave situación, de este momento crucial que estamos viviendo es que coincide con algunas de las profecías más inquietantes de la humanidad.

Según muchos analistas, las profecías se están cumpliendo. Parece que el mismo Nostradamus anunciaba tiempos parecidos a los que estamos padeciendo: “Los acomodados súbitamente serán desposeídos. Por los tres hermanos el mundo puesto en trance. Hambre, fuego, sangre, peste, y de todos los males el doble”. Es escalofriante, pues analizando la profecía que transcribo, podemos comprobar el exacto cumplimiento de lo que vaticinaba Nostradamus. Cuando dice “acomodados”, se refiere a los grandes bancos e inversionistas. La segunda frase sitúa a "tres hermanos" en el epicentro de los acontecimientos, ellos son: Henrry, Emanuel y Mayer Lehman fundadores hace 158 años del banco de inversión Lehman Brothers en Montgomery (Alabama, Estados Unidos), entidad que, ha sido uno de los principales detonantes de la actual crisis.

Como es del todo lógico, no hay más espacio en este rincón para seguir tratando en profundidad lo que muchos presagian como el principio del fin del mundo, motivo por el que, en otro momento, retomaremos este espeluznante tema que, día a día va tomando cuerpo y si nadie lo evita, puede ser que, el cambio climático, las migraciones, las guerras y los conflictos, sean (como ya ha quedado explicado) la antesala de un exterminio que lleve a la humanidad al más absoluto caos y destrucción. ¿Holocausto? 

 

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