Por: Felipe Medina

 

 
 

En el Parlamento de Cataluña se está debatiendo estos días la abolición del espectáculo taurino en aquella región española. Los políticos nacionalistas, separatistas y prohibicionistas creen que están a punto de lograrlo y es posible que así sea. Han llegado a manifestar aberraciones e incongruencias sobre el mundo del toro, como compararlo al maltrato infantil, o a la ablación del clítoris en algunas culturas del continente africano. ¿Qué clase de atrocidades, absurdos, disparates y desatinos están debatiendo estos “defensores” de las libertades”? Además, es meridianamente claro que el prohibir a los demás lo que a "nosotros" no nos gusta es la insólita forma de entender la libertad de estos separatistas fanáticos e intransigentes que a ojos vista, repudian todo lo que tenga que ver con España. Es una cuestión, de mera coherencia y ejemplar ejercicio de las libertades que, se puede dilucidar en base al hecho de acudir o no a las plazas de toros. Y esa, es la verdadera libertad, no la que pretenden imponer los políticos catalanes a través de exclusivos intereses nacionalistas que chocan con lo irracional, inverosímil y contradictorio. Ir o no ir, esa es la cuestión, lo demás, es una paradoja indescifrable que solo tiene que ver con la aversión a España de los políticos catalanes.  

Es pura política. Una inmunda bazofia. El transfondo, seguramente no sean los toros, si no una premeditada y feroz campaña nacionalista para dar un paso más en el camino de exterminar en Cataluña cualquier cosa que huela, suene o se identifique con España. Ese, y no otro, es el verdadero objetivo y por ello, el atroz empeño de ERC, el apoyo de de CIU y la confabulación de los hipócritas e hipotéticos socialistas del PSC a cuyas bases populares parecen querer avergonzar cada día de sus raíces y de paso, les dan la espalda con gestos de exclusivo interés político. No son los toros, es el ruin y retrogrado espectro del separatismo, la indignidad de un nacionalismo intolerante, el mísero concepto de lo que representa la libertad, el servilismo miserable que barre con la verdadera libertad de muchos de los que se dedican a la política y la exigencia coaccionaría de unos nacionalistas que, a través de sus aptitudes, recuerdan sombríos tiempos de NAZIonal sindicalismo. Es un asunto sumamente sencillo, razonable, sensato y lógico, que de paso, da píe al verdadero espíritu de las libertades: -reincido- ir o no ir, e ahí la cuestión. Lo demás, es un ejercicio de sublime demagogia que arrasa con la tradición, cultura, idiosincrasia y voluntad del pueblo.

Basta ya de los chantajes e imposiciones de los nacionalistas catalanes. De hecho, llega a tal punto el extremismo y desequilibrio político de los nacionalistas que son ellos mismos lo que pretenden impedir a otros catalanes ser españoles. Y ahora, ejercen la absoluta arbitrariedad y el despotismo más recalcitrante de impedir ir a los toros a los miles de catalanes que son partidarios del espectáculo taurino.

Son los mismos que quieren prohibir las corridas en Cataluña, quienes sin embargo aplauden hasta con las orejas la nueva ley del aborto, permisiva con la muerte de seres humanos indefensos. Porque el aborto, como es arto patente es eso, matar a un ser indefenso e inocente. ¡Hipócritas!

Son los mismos que, como el esquizofrénico dirigente nacionalista catalán Carod-Rovira, negoció con los asesinos de ETA a espaldas de toda ética y legalidad y en pos del extremismo nacionalista de estas gentes.

Es por tanto de recibo que, la dignidad del toro, la verdad del significado artístico y cultural de la fiesta y la autenticidad de un arte sublime y elocuente, no se puedan acoplar con el antiespañolismo de estos déspotas enanos.