Crisis

Por: Felipe Medina

 

La crisis va tomando cuerpo y amenaza con arrasar la estabilidad económica, social, laboral e incluso familiar. Existe, según nos informan, un importante endeudamiento de las familias, un creciente y alarmante incremento del paro, debilidad de la economía y falta de productividad y competitividad. 

Todo esto provoca que los bancos no presten el dinero con tanta facilidad y ocasione una crisis de liquidez, por lo tanto la gente no tiene dinero, entonces disminuye el gasto y se reduce el consumo. Al reducirse el consumo, las empresas venden menos y obtienen menos beneficios, al tener menos beneficios tienen que despedir trabajadores y ajustar los salarios. El aumento del paro retroalimenta la crisis ya que la gente tiene menos dinero en el bolsillo. 

En una sociedad ferozmente capitalista y atrozmente globalizada, como la nuestra, los enormes problemas por lo que atraviesa EE.UU. se transmiten a todos los mercados de forma inminente, causando una especie de efecto domino. De ahí que, la sangrienta represión económica en Estados Unidos, tenga un efecto demoledor en la economía internacional y por tanto, se suscite una situación crítica en la que los más perjudicados y salpicados seamos los de siempre, ósea, los más débiles.

Crisis. Es la palabra que más se oye durante los últimos meses en los que la desaceleración económica, como así ha definido el Gobierno a este periodo durante numerosas ocasiones, ha provocado diversos efectos que se han notado, sobre todo, en los bolsillos de los ciudadanos. Una de las consecuencias más llamativas ha sido la anunciada por diversas ONGs que explican como el número de inmigrantes, solicitantes de asilo y refugiados que quieren abandonar España y volver a su país de origen se ha disparado a lo largo de este año. Viene a ser una clara y llamativa muestra de cual es la realidad social, en la que por cierto, no sabemos donde esta el fondo del pozo. 

Para hacer frente a la crisis, fruto de la incesante barbarie capitalista-imperialista, sería necesaria una clase obrera bien organizada y unida, cuestión está del todo improbable en los tiempos que corremos ya que, la propia maquinaria capitalista, se ha encargado de fragmentar a la clase trabajadora y humilde. De paso, el propio capitalismo, se ha ocupado cuidadosamente de aniquilar cualquier resquicio de reacción dado que, –y nunca mejor dicho- la sociedad más modesta esta sumida en una descomunal hipoteca no solo económica, también intelectual, social y quebrantadora de cualquier tipo de capacidad de reacción al mordiente y sangrante sistema que, sistemáticamente salpica directamente a los que cuentan con menos recursos.    

Es del todo probable que existan soluciones a esta y venideras crisis: demoler el imperio estadounidense, evolucionar de una vez por todas en el hidrógeno como definitivo sustituto del petróleo, afianzarse en las energías renovables y dar, definitivamente una solución a despiadados problemas como el hambre, la enfermedad, educación o las guerras. No es una utopía, es sólo evolucionar hacia un mundo más justo y coherente en el que habría que desmontar el sistema capitalista que, en base a un mundo lleno de miserias y abismales diferencias, se reparte a sus anchas la gran porción de riqueza que, en justicia y por derecho, nos corresponde a todos los que habitamos el planeta.   

En el espectro de la crisis, los que más tienen, los más poderosos, son los que menos tienen que perder. Las grandes empresas de construcción, automoción, confección o montaje, solo tienen que cambiar su industria de producción a países modestos donde la mano de obra este mucho más barata.  De esta manera, el enriquecimiento seguirá siendo la tónica para unos pocos y el endeudamiento, necesidad y miseria para una inmensa mayoría.  Por tanto, queda meridianamente claro que, seremos siempre los mismos quienes paguemos las consecuencias de esta y de todas las demás crisis con que nos quieran reestructurar aún más en la pobreza, los seres más poderosos del globo terráqueo. 

Finalizo, no sin dar la necesaria pincelada localista a esta sección que, quiere ser talaveranista, y no saliéndome del todo del tema que ha centrado mi artículo. Me refiero ahora al alcalde de nuestra ciudad y a su reciente reivindicación del AVE ante el Ministerio de Fomento. Me ha llamado la atención la plausible reacción de la primera autoridad de Talavera ya que, estas se producen, justo cuando el Gobierno de la Nación esta aplicando tijera sin piedad y retrasos a tiempo indefinido a multitud de proyectos como consecuencia de la crisis y así, apuntalar como se pueda la caótica situación economía. Y digo que me llama la atención ya que, ¿no será que la reivindicación del primer edil a estas alturas y ante las circunstancias que asolan el país resulte ser algo tarde, mal avenida por el Ministerio de Fomento y nunca considerada?

 

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