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Por fin, con una inusitada expectación y un desbordante éxito de taquilla, se ha estrenado la película “Che, el argentino”. A pesar de los enormes escollos, sobre todo económicos, su director, Steven Soderbergh, ha culminado una colosal obra en la que lleva a la gran pantalla la vida de Ernesto Che Guevara, en una producción nacida en Estados Unidos. Benicio del Toro, que desde hacía mucho acariciaba la idea, movió cielo y tierra para materializar el proyecto. Y a fe que lo ha logrado. La película, centrada en la campaña que terminó en la revolución cubana y rodada en castellano, se ha estrenado en España, el primer país en que se puede ver. Esto es debido a que fondos españoles contribuyeron a hacer realidad el proyecto. "Guerrilla", la segunda parte, que se centrará en la etapa del Che en Bolivia, completa la obra sobre uno de los hombres más influyentes del siglo XX, convertido después de su muerte en un icono de la lucha contra la injusticia. Es una película que, en estos tiempos de globalización y capitalismo que corremos y dado que a pensadores e intelectuales es, como si se les hubieran caído los dientes del cerebro, viene a dar una respuesta social ante las miserias que asolan al mundo y cada vez están más cerca de nuestras puertas por culpa de esa gran riqueza que siendo de todos, se la reparten entre unos pocos. En su momento, Ernesto Che Guevara y Fidel Castro, lo tuvieron claro y a través de su actitud, condición, disposición y carácter, han dejado una hermosa lección: ser revolucionario es algo que va mucho más allá de una actitud crítica y declaratoria sobre los “valores” inhumanos de un sistema económico, político y social que ha regido durante tanto tiempo nuestras vidas y las vidas de tanta gente durante siglos; el racismo, la exclusión social, la explotación del hombre por el hombre, el colonialismo, el imperialismo, el capitalismo, la globalización, la maniobra de masificación, el neoliberalismo... y pare de contar tantas adversidades que aquejan al ser humano desde tiempos inmemoriales y que a estas alturas es casi del todo imposible poner remedio salvo que una revolución establezca el orden, justicia, paz y el verdadero carácter supremo de las libertades. La película, una obra maestra, que reconoce los valores de la revolución, como solución última pero válida, a la hecatombe social con la que bombardea el sistema capitalista y aniquila de manera subrepticia y sistemática la condición humana y las libertades, me recuerda el popular canto revolucionario del cubano Carlos Puebla: “Aquí pensaban seguir, / ganando el ciento por cierto, / con casas de apartamentos / y echar al pueblo a sufrir / y seguir de modo cruel / contra el pueblo conspirando / para seguirlo explotando…”. Era la evidencia del pueblo de Cuba en el momento que Fidel y Che Guevara abordaron la revolución. “Aquí pensaban seguir / jugando a la democracia / y el pueblo que en su desgracia / se acabara de morir. / Y seguir de modo cruel / sin cuidarse ni la forma, / con el robo como norma…”. Y hoy por hoy viene a ser una generalizada realidad social en la que urgen soluciones, ¿la revoluciones puede ser una de ellas? En cualquier caso, bien merece disfrutar de una película que de seguro, de una u otra forma, dejara huella en todos los que la vean. ¿Conclusiones?, que cada cual saque la suya. |
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