José Tomás, sumo pontífice

Por: Felipe Medina

 

En la solemne liturgia de la tauromaquia contemporánea, brilla en solitario, con luz propia y con el carisma de los dioses hechos a ley y a temple de acero toledano José Tomás Román Martín. Tomás, artífice de puro arte, innegable dominador del toro y consagrado héroe de los ruedos es, con diferencia, el más puro intérprete del arte más sublime y elocuente.

Si la tauromaquia se equiparase al rango del catolicismo, sin ningún genero de dudas, Tomás sería sumo pontífice. Sería rey de reyes en la jerarquía monárquica y capitán general en el escalafón de los ejércitos. Tomás es capaz de hacer el milagro cuando se aúnan en el circo de la gloria y la sangre bestia y hombre, subyuga, emociona, siembra fervor y fabrica arte y lírica celestial, al compás de la elocuente verdad, hondura y pureza de pasiones infinitas que tan solo puede salir de los elegidos para la gloria y la eternidad, por ello es: sumo pontífice, rey y capitán general.

La exaltación de pasiones que enardecen con devoción absoluta los tendidos, como testimonio a su obra, nunca jamás había tenido igual parangón. El temple de su toreo, el pragmatismo de su descomunal oficio, la praxis de su honda tauromaquía, la elocuente y determinante decisión, el privilegio de una inteligencia despejada y el ejercicio de un toreo llevado hasta el infinito y más allá, hacen que Tomás sea el Miguel Ángel del albero, el Picasso del empaque, el Cervantes de los naturales, el Goya de la técnica más depurada, el Mozart de la solemnidad, el Gaudi de la plasticidad o el Leonardo de Vinci de la eterna y turbadora quietud.

José Tomás es la resurrección del toreo, la restauración de la ortodoxia y la pureza y el renacimiento de la emoción absoluta. En el toreo que, es ciencia de lo terrenal y filosofía de lo espiritual, Tomás, es maestro de maestros y además, se sitúa más allá de la vida y la muerte y por encima del bien y del mal.

De los padres de la tauromaquía: "Paquiro", "Cúchares", "Lagartijo" y "Frascuelo", dos siglos después, nace José Tomás, hijo predilecto, alumno aventajado y fidedigno artífice de la pureza y ortodoxia del taurinismo, llevado a su quintaesencia.

Lo dijo Federico García Loca: “los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo" y José Tomás, en el fascinante universo taurino es sabio y transmisor de emociones sublimes que son arte para la posteridad y regocijo del alma.

José Tomás Román Martín, nació en Galapagar (Madrid) el 20 de agosto de 1975. Su llegada a las grandes ferias a mediados de los años 1990 revolucionó el mundo de los toros. Sus actuaciones en Madrid, donde se proclamó triunfador de la Feria de San Isidro tres años consecutivos (1997, 1998 y 1999), marcaron un antes y un después en la historia del toreo.

Retirado en el año 2002, su regreso en 2007 despertó una gran expectación en cada una de sus apariciones. De ello, la prensa da cumplida cuenta: en el periódico LA RAZÓN: "El regreso del héroe". Una crónica de ABC relata: “José Tomás es el toreo puro y absoluto”. En EL PAÍS se cita: “…y ésa es clave fundamental en su toreo: un silencio poético y misterioso, un tanto hermético, más fácil de percibir que de entender, el silencio granítico y frío de Galapagar trasladado al silencio insondable del mar Mediterráneo. Un silencio que estremece, porque no rehúye el silencio que merodea la muerte. Pero lo torea”. En el diario EL MUNDO: "Eres un Dios" o "Ya me puedo morir tranquilo",

Tomás es paradigma del toreo, valor intrínseco, vergüenza, valentía, pundonor, dominador y artista por antonomasia. Tomás es el milagro, como lo fueron “Gallito”, Belmonte, Bienvenida, Espartaco… y tantos otros astros. José Tomás, que interpreta unas verónicas que elevan el concepto del toreo a los altares, borda unas chicuelitas que hacen brotar sentidos olés a coro, es capaz de enmudecer los tendidos con sus cites, la posición de sus pies, su estremecedora verticalidad, el juego prodigioso de su muñeca, esa lentitud, esa soberanía... José Tomás es arte puro en estado natural. 

 

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