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In memoriam En homenaje póstumo a Carlos Jiménez Llorente |
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Carlos Jiménez Llorente, un hombre ejemplar, un artista de relieve Por: Felipe Medina
Trazos de arte y de maestría, esbozas con tu mano primorosa, retazos de hermosa torería, alquimia sublime y prodigiosa.
Carlos Jiménez Llorente, alma de artista incalculable, estética de trazos elocuentes, danza de toro y torero perdurable.
Embestida impetuosa de la bestia, ligazón celestial del gladiador, que esculpes con tu mano diestra, templando en el papel luz y candor.
Carlos Jiménez Llorente, de carboncillo y oro, de acuarela torero y toro, destreza de artes y de suertes.
Despliegas con tu trazo fascinante, el eco del arte deslumbrante. De luces sombras y colores, suspiros de raza destellantes.
Inmortalizaste a Curro en la Maestranza, dibujaste a Ortega con templanza, a Bienvenida con garbo y con finura, a Arruza y Manolete, con soltura.
Ilustras chicuelas y verónicas, trazas la vara y los rehiletes, dibujas con maestría la retórica, del arte más sublime y elocuente.
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Autobiografía Nací el cinco de agosto de 1921, junto a la madrileña Plaza de España y lo hice, con un lapicero en la mano, puedo decir que el dibujo y la pintura han sido fundamentales para mí, eran una necesidad constante. Por los años 40 formábamos un trío insuperable entre Jaime Mariscal, Gonzalo Fernández de Córdoba y el que escribe. Mis amigos sabían y conocían esta necesidad y habían visto muchos dibujos y pinturas mías y en cierta ocasión me pidieron que hiciera algo de toros; así que lo hice y recuerdo el comentario de Jaime: “Tus dibujos se mueven.” Siempre ha sido el impresionismo mi característica y lógicamente era especial para el dibujo taurino. Mi primera salida publica fue en “Torerías”, revista de toros clásica y antigua. Me pidieron una portada en color. Hice una acuarela de un pase de pecho del famoso Cañitas, mejicano y creador de la famosa “alfombra”, procedimiento que empleaba al correr en la cara del toro, muy frecuentemente, para alejarse del peligro rodando rápidamente por el suelo. Aquello me introdujo en el mundo taurino y así tuve ocasión de conocer a Maximiliano Clavo “Corinto y Oro”, uno de los más extraordinarios cronistas, que al conocer mi trabajo se entusiasmó y presentándome al director del diario Alcázar, D. José de las Casas Pérez, y viendo este mis dibujos se interesó porque formase parte del periódico en el que abundaron mis dibujos muchos de ellos sacados de apuntes de plaza en las corridas. De alguna forma, pues hace ya tantos años que me cuesta recordarlo, conocí al Conde de Colimbí, que sorprendido con los dibujos, habló con Manolo Casanova, director de “El Ruedo”. No solamente me admitió como colaborador de la revista taurina, sino que siendo “fan” de Luis Miguel Dominguín, me pidió que le hiciese un cuadro de este torero, como así le hice, un óleo. No recuerdo ya como tuve contacto con un famoso periodista cuyo pseudónimo era “el Tebí Arrumi” entusiasmado con mis dibujos me presentó al director del diario Madrid, donde colaboré largo tiempo. Y, aunque se crea lo contrario, las meigas existen, y ellas me llevaron al Madrid, El Alcázar y el Ruedo. ¿Cómo y porqué? Lo ignoro pero así fue. Carlos Jiménez Llorente, 2004 |
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