Texto, diseño y fotografías:

Felipe Medina

Bilbao, señorío y gallardía de gentes nobles. Orgullo de pueblo enamorado de su tierra. Acero de voluntades y bondades que marcan carácter genuino. Virtuoso Bilbao, ría de pasiones que labran el carácter de respeto por el ayer, firmeza en el presente e ilusión en un porvenir de desarrollo y auge.

Bilbao es un pueblo solemne y peculiar, con un inigualable toque de distinción que roza entre lo glamoroso, señorial, espléndido y regio. A través de sus calles y edificios sorprende el carácter de un pueblo que ama lo suyo, respeta su cultura, defiende su idiosincrasia y es, extraordinariamente magnánimo, espléndido y anfitrión con los foráneos.

La villa de Bilbao (en euskera Bilbo) es la capital de la provincia y territorio histórico de Vizcaya. Está situada en la comarca del Gran Bilbao, que se extiende a lo largo de la ría de Bilbao, o del Nervión, que da cobijo a numerosas empresas, minas de hierro, fábricas y astilleros, que durante la revolución industrial otorgaron a esta ciudad un elevado nivel económico. Tiene una población de unos 356.000 habitantes, (2007) y una extensión de 41,26 km², con una densidad poblacional de 8.583 habitantes por km² (2006). Su área metropolitana llega a albergar más de 900.000 de habitantes, siendo así la quinta aglomeración española en cuanto a población, y la primera del País Vasco y norte de España.

Tras la grave crisis industrial de los años 80, la ciudad apostó por una renovación integral que ha transformado el entorno de la Ría en un espacio de ocio y disfrute para los ciudadanos, dentro de un proceso de revitalización del área metropolitana impulsado por todas las administraciones públicas integradas en "Bilbao Ría 2000" y "Bilbao Metrópoli 30". El Museo Guggenheim Bilbao, el Palacio Euskalduna, los puentes de Euskalduna y Zubizuri (o pasarela de Calatrava), la pasarela Padre Arrupe, las torres gemelas Isozaki Atea, las nuevas zonas verdes en Abandoibarra y el nuevo tranvía, entre otros, han recuperado zonas hasta entonces deprimidas y han hecho que la ciudad vuelva la vista hacia ese entorno.

Bilbao es conocida afectuosamente por sus habitantes como el botxo, esto es, el agujero, ya que está rodeada por montañas. De este apodo se deriva el gentilicio bochero. Otro apodo que reciben los bilbaínos es el de chimbos que proviene de unos pájaros que se cazaban en grandes cantidades en Bilbao durante el siglo XIX.

Las tradiciones de Bilbao, se mantienen en el tiempo, con una vigencia permanente, combinándolas de un modo equilibrado con las reglas que imponen de algún modo los tiempos modernos. Tradicionales de la zona los pequeños vasos de vino, denominados Txikitos, o de cerveza, que los llaman Zuritos, son moneda corriente en los bares locales, donde los lugareños se juntan a beber, degustando también, los singulares Pintxos, unos aperitivos de distintas variedades y sabores que son toda una obra de arte de la gastronomía. Cada año, tiene lugar en la ciudad una celebración que incluye un concurso de Pintxos, buscando la mayor originalidad en la elaboración de estos exquisitos bocaditos, en los que se mezcla imaginación, arte, tradición y excelente hacer.

Bilbao es ciudad acogedora, espléndida y amable. Los vascos de Bilbao, son gente amante de la paz, el orden y las libertades y ello, se palpa en sus calles y en cada uno de sus rincones. Nada que ver, la realidad de Bilbao, serena y llena de energía en pos una sociedad más próspera, que la que nos han venido anunciando durante décadas muchos de los políticos y bastantes medios de comunicación. La Ciudad bilbaína se alza en torno a un civismo, desarrollo y disposición que, vienen a ser cátedra de civilizaciones, al margen de bastardos de uno u otro tinte.

Nunca se está solo en Bilbao, cuando se visitan los bares, tabernas, cafeterías o restaurantes, por cierto, espléndidamente cuidados, me veo arropado por la gentileza de sus gentes, la amabilidad de personas orgullosas de su tierra, que narran anécdotas de sus quehaceres, me indican donde poder pasear, comer, tapear o que visitar…

Me traje a Bilbao en mi corazón. Quedé fascinado con esta bella ciudad tan llena de nobles virtudes y habitada por ejemplares gentes. Sin duda, volveré a esta metrópoli del botxo, solemne y distinguida.